
Microplásticos en suelos y alimentos: una alerta científica que crece en Argentina
ecovida ambientePor Redacción Ecovida Ambiente
En una entrevista exclusiva con Ecovida 2.0 Nueva Generación, el investigador del CONICET y doctor en Ciencias Químicas, Javier Montserrat, advirtió sobre el avance de los microplásticos en el ambiente y su creciente presencia en suelos, alimentos y organismos vivos, incluidos los humanos.

El especialista, que integra la Universidad Nacional de General Sarmiento, explicó que el problema, lejos de ser reciente, tiene su origen en la producción masiva de plásticos iniciada tras la Segunda Guerra Mundial. “Son materiales extraordinarios por su versatilidad, pero nunca se previó su fragmentación en partículas diminutas en el ambiente”, señaló.
Qué son los microplásticos y por qué preocupan
Los microplásticos se definen, en términos generales, como fragmentos de plástico menores a 5 milímetros. Sin embargo, en la naturaleza pueden alcanzar tamaños microscópicos, incluso del orden de un micrón o menos.
“El problema es que esas partículas tan pequeñas pueden atravesar membranas celulares”, explicó Montserrat. Actualmente, se han detectado micro y nanoplásticos en diversos tejidos y fluidos humanos, incluido el cerebro, lo que abre interrogantes sobre sus posibles efectos en la salud.
Suelos hortícolas: una fuente silenciosa de contaminación
Una de las líneas de investigación del equipo se centra en los sistemas hortícolas. Allí detectaron que el uso extendido de plásticos —principalmente polietileno— para cubrir cultivos o construir invernaderos deja residuos que se incorporan al suelo.
“Cuando se retira ese material, se rompe y queda enterrado. Luego, procesos naturales como la radiación solar y los ciclos de humedad y sequía lo fragmentan cada vez más”, detalló el investigador.

Fuente silenciosa de contaminación
Este fenómeno convierte al suelo en una especie de “trituradora natural”, generando microplásticos de forma continua. A su vez, estudios experimentales han demostrado que estas partículas pueden migrar desde el suelo hacia las plantas, ingresando así en la cadena alimentaria.
Microplásticos urbanos: el rol de los neumáticos
Otra línea de trabajo del equipo apunta a los llamados micro elastómeros: partículas diminutas de caucho liberadas por el desgaste de neumáticos en calles y rutas.
Estos fragmentos, de alrededor de 100 micrones, contienen aditivos químicos que pueden liberarse al ambiente. “Cuando llueve, estos contaminantes son arrastrados hacia desagües y cursos de agua”, indicó Montserrat.
En el área de estudio del equipo, vinculada a la cuenca del río Reconquista, se detectaron compuestos cuya presencia ahora se asocia a este tipo de contaminación. En regiones costeras como Tierra del Fuego, el destino final de estos residuos podría ser el océano.

Microplásticos en alimentos: un desafío emergente
El avance de los microplásticos en alimentos es una de las principales preocupaciones a futuro. Según explicó el especialista, aún no existen regulaciones internacionales que establezcan límites seguros, debido a la falta de consenso científico sobre sus efectos.
Sin embargo, comienzan a registrarse avances. La Environmental Protection Agency (EPA) ya incorporó a los microplásticos dentro de los contaminantes a monitorear en agua potable, mientras que Europa trabaja en metodologías de medición.
En este contexto, Montserrat planteó una oportunidad estratégica: “Argentina podría adelantarse y desarrollar alimentos con niveles controlados de microplásticos, generando un diferencial en los mercados internacionales”.
Ciencia, producción y ambiente: un equilibrio necesario
El investigador también subrayó la importancia de sostener la investigación científica en un contexto complejo para el sistema universitario argentino. Actualmente dirige un equipo de unas diez personas en el área de química de contaminantes orgánicos, muchas de ellas en formación doctoral.
Frente a discursos que plantean una supuesta tensión entre producción y ambiente, fue contundente: “Las ciencias ambientales no están en contra del desarrollo, sino que buscan tecnologías más seguras y sostenibles. Ignorar estos problemas solo agrava sus consecuencias a largo plazo”.
Lejos de promover el miedo, el especialista insistió en la necesidad de generar conocimiento y conciencia. “No se trata de alarmar, sino de entender el fenómeno y actuar en consecuencia”, concluyó.
La investigación sobre microplásticos avanza, pero aún quedan numerosas preguntas abiertas. Su presencia en suelos, agua y alimentos plantea un desafío transversal que interpela tanto a la ciencia como a las políticas públicas y los modelos productivos.
En territorios como Tierra del Fuego, con ecosistemas sensibles y una fuerte conexión con el mar, la problemática adquiere una dimensión estratégica: comprenderla es el primer paso para gestionarla.


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