
"3.800 litros de agua por un jean: el costo ambiental que no se ve en la etiqueta"
ecovida ambiente

Por Redacción Ecovida Ambiente — Periodismo Ambiental desde el Fin del Mundo
Una prenda universal con una cadena de producción invisible
Pocas prendas atravesaron tantas fronteras, generaciones y clases sociales como el jean. Desde que Levi Strauss patentó, en 1873, el diseño de pantalones de mezclilla reforzados con remaches de cobre, esta prenda se volvió un básico presente tanto en el campo como en las pasarelas de alta costura.
Pero detrás de su aspecto simple se esconde una cadena de valor global: extracción de materias primas, manufactura en distintos países, transporte intercontinental, y procesos de diseño y comercialización que rara vez llegan a conocerse. Esa complejidad fue justamente lo que quiso mostrar un nuevo documental producido por el PNUMA, protagonizado por la modelo y Embajadora de Buena Voluntad del organismo, Amber Valletta, quien recorrió fábricas de mezclilla en Túnez para conocer de primera mano los intentos de la industria por reducir su huella ambiental.


Un producto que consume una enormidad de agua
La industria textil y de la moda está entre las más contaminantes del planeta, y dentro de ella la mezclilla ocupa un lugar destacado por su uso intensivo de recursos. Según cifras de la propia marca Levi's, citadas en el reportaje del PNUMA, fabricar un solo par de jeans puede requerir hasta 3.800 litros de agua. A esto se suman importantes volúmenes de energía y de productos químicos, muchos de ellos utilizados para lograr colores y efectos de desgaste específicos.
Por qué Túnez se volvió un punto clave de esta transición
Aunque la mayor parte de la mezclilla mundial se produce en Asia, Túnez concentra alrededor del 8% del mercado de prendas de mezclilla terminadas que exporta la Unión Europea, gracias a su cercanía geográfica y a tiempos de entrega más rápidos. Esa posición estratégica también implica que sus fabricantes son auditados con regularidad para cumplir normas europeas cada vez más estrictas en materia de trazabilidad, transparencia, durabilidad e impacto ambiental.
Esa presión regulatoria termina generando un efecto cascada: los gobiernos exigen a las marcas, las marcas exigen a sus proveedores, y quienes no logran adaptarse corren el riesgo de perder contratos frente a fabricantes que sí puedan cumplir.

Menos químicos, más agua reciclada
El reportaje del PNUMA describe cómo distintas fábricas tunecinas vienen incorporando mejoras concretas. En Gonser Denim Revolution, por ejemplo, se está discontinuando el uso de químicos como el permanganato de potasio y el hipoclorito —utilizados durante años para lograr ciertos efectos en la tela— en favor de alternativas más seguras. El agua utilizada en las distintas etapas del lavado también es tratada y reciclada dentro de la propia planta, lo que según cifras del sector permitiría reducir hasta un 75% el agua necesaria para producir un jean.
Otra fábrica, DEMCO, avanzó en una dirección similar incorporando maquinaria que lava los jeans con gas ozono o cantidades mínimas de agua ozonizada para lograr el clásico efecto desgastado, en lugar de los métodos tradicionales. Esa tecnología reduciría en cerca de un 90% el consumo de agua en esa etapa del proceso.
El pasaporte digital que va a cambiar las reglas del juego
Una de las transformaciones más importantes que se viene para el sector llegará de la mano de la regulación europea: entre 2027 y 2028 entrarán en vigencia nuevas normas de ecodiseño y los llamados "pasaportes digitales de producto", que documentarán de manera obligatoria el origen de los materiales, su composición y su potencial de reciclaje. En la práctica, esto permitirá que cualquier persona escanee un código QR en la prenda y conozca de dónde viene el algodón, los botones, los hilos y los remaches que la componen.
Esa trazabilidad también empuja a las marcas a repensar el diseño desde el inicio: explorar fibras recicladas y evaluar alternativas más sustentables para componentes que suelen pasar desapercibidos, como botones, hilos y forros, pero que inciden directamente en la durabilidad y la reciclabilidad final de la prenda.
El programa de la ONU que acompaña esta transición
Detrás de buena parte de estas mejoras está InTex, un programa del PNUMA financiado por la Unión Europea y el Gobierno de Dinamarca, que forma parte de la Iniciativa Textil del organismo. InTex trabaja junto a pequeñas y medianas empresas de países productores de textiles, ayudándolas a recopilar y analizar datos operativos para identificar dónde se generan los mayores impactos ambientales y qué intervenciones concretas pueden mejorar sus procesos.
Según explicó Claudia Giacovelli, quien dirige el programa, la transición hacia una mezclilla más sostenible no puede depender únicamente de las decisiones de quienes consumen: sostuvo que son los gobiernos y la industria quienes deben liderar el proceso, estableciendo reglas claras, diseñando con criterios de sostenibilidad y circularidad, e invirtiendo en tecnologías de producción más limpias.
Una prenda que también cuenta una historia
Más allá de las cifras y las regulaciones, el reportaje del PNUMA deja una reflexión que excede a la industria textil: cada prenda que usamos —por más simple o cotidiana que parezca— tiene un costo ambiental que no debería pasarse por alto ni tratarse como descartable. Como resumió Valletta, cada jean "proviene de la Tierra", atravesó múltiples manos y procesos, y viajó buena parte del mundo antes de llegar a un placard.
Fuente: PNUMA — El costo ambiental oculto de tus jeans —y lo que se está haciendo al respecto—




El mundo superará los 1,5°C de calentamiento global, pero la ONU advierte que todavía puede revertirse

Semana Mundial del Agua 2026: el desafío climático y social






El estado actual de la industria del hidrógeno y las oportunidades para la Patagonia Argentina

El Municipio de Tolhuin acompaña proyectos ambientales en la Escuela Rural N° 6 de Lago Escondido




