
Ballena sei murió tras quedar varada en el Río de la Plata
ecovida ambientePor Redacción Ecovida Ambiente


La escena mantuvo en vilo a miles de personas. Un enorme cetáceo inmóvil sobre un banco de arena, rodeado por veterinarios, biólogos y rescatistas que luchaban contra el tiempo para mantenerlo con vida. Cada minuto era decisivo. Cada cambio de la marea alimentaba una esperanza que finalmente se apagó.
La ballena sei (Balaenoptera borealis), de aproximadamente siete metros de longitud, quedó varada en la zona de Bajos del Temor, frente al partido bonaerense de San Isidro, sobre la costa del Río de la Plata. Aunque el operativo de rescate movilizó recursos humanos y técnicos durante varias horas, el desenlace fue inevitable: el animal murió tras permanecer en estado crítico, dejando al descubierto la enorme vulnerabilidad que enfrentan estos gigantes marinos cuando quedan atrapados fuera del agua.
Más allá de la conmoción que generó el caso, el episodio vuelve a plantear interrogantes sobre los factores que provocan estos varamientos y sobre la capacidad de respuesta frente a eventos que podrían volverse más frecuentes en un escenario de creciente presión sobre los ecosistemas marinos.
Una carrera contra el tiempo para salvar al cetáceo
Tras el hallazgo del ejemplar, se desplegó un operativo conjunto encabezado por la Fundación Temaikèn y la Prefectura Naval Argentina, con el apoyo de especialistas en fauna marina.
Los equipos confirmaron que la ballena permanecía con vida y comenzaron a aplicar los protocolos de emergencia utilizados en rescates de grandes cetáceos. Durante horas trabajaron para mantener húmeda su piel, controlar sus signos vitales y reducir el estrés provocado por el varamiento.
Sin embargo, desde el inicio sabían que el éxito de la operación dependía de un factor imposible de controlar: la marea.
El aumento del nivel del agua era la única posibilidad de devolver al animal al río sin agravar aún más su delicado estado.
¿Qué hacía una ballena sei en el Río de la Plata?
La ballena sei es una especie oceánica que habita principalmente las aguas profundas del Mar Argentino y del Atlántico Sur.
Durante el invierno austral inicia una migración hacia zonas más cálidas, desplazándose entre Argentina, Uruguay y Brasil. Aunque algunos ejemplares pueden aproximarse a la desembocadura del Río de la Plata durante ese recorrido, su ingreso a sectores de escasa profundidad es poco habitual.
Los especialistas consideran que esa combinación de movimientos migratorios, bancos de arena y condiciones ambientales puede favorecer episodios de desorientación que terminan con los animales encallados.
Cuando el propio peso se convierte en una amenaza
Uno de los mayores desafíos en el rescate de grandes ballenas ocurre una vez que quedan fuera del agua.
En el océano, la flotabilidad sostiene gran parte de su masa corporal. Pero sobre tierra firme ocurre exactamente lo contrario: el enorme peso del animal comprime sus órganos internos y compromete rápidamente funciones vitales.
Por esa razón, cada minuto cuenta.
Aunque los rescatistas mantuvieron hidratada la piel del cetáceo y monitorearon constantemente su evolución, el tiempo jugó en contra.
La naturaleza imponía un límite que la ciencia no siempre puede superar.
¿Por qué quedan varadas las ballenas?
Los varamientos de cetáceos constituyen uno de los fenómenos más complejos que estudia la biología marina.
En la mayoría de los casos no existe una única explicación.
Entre las causas más frecuentes se encuentran:
Desorientación durante la migración
Cambios en las rutas migratorias pueden llevar a algunos ejemplares hacia zonas costeras donde el riesgo de encallamiento aumenta considerablemente.
Factores ambientales
Las mareas, las corrientes, la topografía submarina y los bancos de arena pueden dificultar el regreso al mar abierto.
Problemas de salud
Enfermedades, lesiones, infecciones o un estado físico debilitado también pueden afectar la capacidad de orientación y desplazamiento de los cetáceos.
Determinar con precisión qué ocurrió requiere estudios posteriores, incluyendo necropsias y análisis veterinarios especializados.
Una especie clave para el equilibrio del océano
La ballena sei es el tercer rorcual más grande del planeta, solo por detrás de la ballena azul y la ballena de aleta.
Puede superar los veinte metros de longitud y desempeña un papel fundamental en el equilibrio ecológico de los océanos.
Al desplazarse y alimentarse, contribuye al reciclado de nutrientes que favorecen la productividad marina y ayudan a sostener complejas cadenas alimentarias.
Su presencia también constituye un indicador del estado de conservación de los ecosistemas del Atlántico Sur.
Cada ejemplar perdido representa una disminución del patrimonio natural del planeta.
El triste desenlace del operativo
Después de horas de intenso trabajo, la noticia que nadie esperaba terminó confirmándose.
La ballena sei murió el 25 de julio de 2026, pese al esfuerzo desplegado por la Fundación Temaikèn y la Prefectura Naval Argentina.
Los especialistas sostuvieron el operativo hasta el último momento, manteniendo húmeda la piel del animal y controlando permanentemente sus signos vitales.
No fue suficiente.
El peso de su cuerpo sobre el vientre provocó lesiones internas irreversibles, una de las principales complicaciones que enfrentan los grandes cetáceos cuando permanecen varados durante un período prolongado.
Las primeras evaluaciones técnicas indican que el episodio habría sido consecuencia de una combinación de factores: desorientación durante la migración, condiciones desfavorables de la marea y un estado de salud comprometido que redujo significativamente sus posibilidades de supervivencia.
Una advertencia que trasciende este caso
La muerte de esta ballena sei no debe interpretarse como un hecho aislado.
Cada varamiento aporta información científica valiosa sobre el comportamiento de los cetáceos, el estado de los ecosistemas marinos y los desafíos que enfrentan las especies migratorias.
En un contexto marcado por el cambio climático, el incremento del tráfico marítimo, la contaminación acústica, la degradación de hábitats y otras presiones sobre los océanos, fortalecer los programas de monitoreo e investigación resulta cada vez más urgente.
El rescate en San Isidro demostró el compromiso de los equipos especializados, pero también dejó una realidad difícil de ignorar: no siempre alcanza con la capacidad técnica cuando la naturaleza ya ha llevado a un animal al límite.
La mejor estrategia para proteger a estos gigantes del mar sigue siendo la prevención, la investigación científica y la conservación efectiva de los ecosistemas que sostienen su extraordinaria migración a través del Atlántico Sur.


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