Desde Laguna de Los Cisnes, donde aún existen fósiles que nos proporcionan aire

Tierra del Fuego, unas rocas vivas que construyeron la atmósfera del planeta siguen liberando el aire que hoy respiramos. Esta es la historia de un hombre que aprendió a leer ese lenguaje milenario.

CIENCIA Y AMBIENTE05/02/2026ecovida ambienteecovida ambiente
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Fotografía: “Estromatolitos en Laguna de Los Cisnes”, Susana CalixtoFotografía: “Estromatolitos en Laguna de Los Cisnes”, Susana Calixto

Autor: Lucho Ruiz Subiabre

En el borde de la Isla Grande de Tierra del Fuego, donde el viento modela el paisaje y la salinidad define la vida, existe un testimonio silencioso y milenario: la Laguna de los Cisnes y sus estromatolitos. No son simples rocas; son los arquitectos más antiguos de la Tierra, estructuras construidas capa a capa durante milenios por comunidades de cianobacterias. Para Alejandro Núñez Guerrero, veterinario, educador y habitante de Porvenir desde hace 20 años, estos “fósiles vivientes” son mucho más que una curiosidad científica: son la llave para entender, valorar y proteger un ecosistema completo, y un puente fundamental entre el ecoturismo, el conocimiento académico y la vida cotidiana de la comunidad fueguina.

Cuando un Paseo se Convierte en un Camino

El vínculo de Alejandro con la laguna nació de manera casual, en un paseo. “Fue el 2012”, recuerda. “Andábamos caminando por este lugar con el doctor Pablo Szmulowicz de la Universidad Austral y él me dice ‘estos son fósiles, son estromatolitos’”. Esa palabra, nueva para él, abrió una puerta. En paralelo, conoció el trabajo de la Corporación Laguna de los Cisnes y la tesis de Carlos Stager sobre el lugar. Lo que comenzó como curiosidad se transformó en una pasión que hoy dirige su mirada comunitaria y educativa, pues ha podido exponer en diferentes Simposios y Congresos al respecto así como hoy su Tesis Doctoral busca que este sitio sea reconocido como un Geoparque por la Unesco.

El Pulsar de un Ecosistema Vivo

Para Alejandro, el valor de los estromatolitos trasciende lo paleontológico. “Hoy en día nosotros los seres humanos que habitamos estos lugares dependemos de células que están captando dióxido de carbono, metano y que de alguna forma nos liberan oxígeno”, explica. Ve en la laguna un “laboratorio de naturaleza” activo, un regulador climático a escala local cuyo aporte concreto aún debe ser medido.

“Espero que pronto podamos sacar algún estudio que nos permita catastrar la cantidad de oxígeno que están liberando esas cianobacterias”, plantea. Su visión es poder contrastar esa producción con el consumo humano de la zona, para demostrar de manera tangible que “nos da una parte del aire que respiramos los fueguinos y fueguinas”. Esta perspectiva convierte la conservación en un acto de reciprocidad vital, no solo en un imperativo ecológico abstracto.

Sembrar la Semilla del Cuidado

El corazón de la propuesta de Alejandro es la educación situada. Junto a Marcelo Noria, se dedicó a instalar el concepto en la comunidad. “Lo que hicimos con un Nodo de Turismo es que quedara el concepto estromatolito, fósil, fósil viviente... porque tiene valor, tengo que cuidarlo”, relata. El esfuerzo dio frutos: hoy, el término se maneja a nivel comunal y el lugar se ha convertido en un destino para compartir con visitas, “así como se va al mirador”.

Desde su rol como presidente de la Fundación Ciudadanos y Clima, con apoyo de la Red de Ángeles Sostenible por Tierra del Fuego y profesionales de la Corporación Laguna de Los Cisnes (donde también es integrante Alejandro), han desarrollados un artículo científico presentado en importante Revista Científica La Lupa de Ushuaia, apoyado algunas Tesis de estudiantes en geología y sacado una guía educativa sobre aves y flora del lugar. Además, destaca el trabajo del Liceo Bicentenario, que realiza recorridos pedagógicos con estudiantes. Su meta es clara: “Que nadie cuida lo que no quiere o no conoce, que no siente propio, por ello la educación es vital”.

Hacia un Turismo Científico y una Gobernanza con Sentido


Alejandro visualiza un futuro donde el ecoturismo, lejos de ser una amenaza, sea una herramienta de conservación y educación. Aboga por un “turismo científico” serio y planificado, “al estilo Galápagos”, que respete horarios y capacite a guías locales. Reconoce el interés del Municipio por mejorar la infraestructura, como la pasarela, pero insiste en que cualquier desarrollo debe surgir de un “estudio de la laguna, una actualización” multidisciplinaria que involucre a geólogos, ornitólogos, biólogos y arqueólogos.

20190414-DJI_0029CANOEROExcursiones por el Canal Beagle con Catamaranes Canoero | Turismo sustentable en Ushuaia

Su llamado final es a la acción coordinada. Propone una gobernanza clara liderada por el Municipio, con la participación de CONAF, Sernatur, Seremías de Medio Ambiente y Educación, y Bienes Nacionales. Además, sueña con declaraciones de protección más robustas, como un sitio Ramsar, que amparen no solo los islotes, sino toda la laguna y sus bordes, así como trabajar por 3 años en su Tesis Doctoral en Ecoturismo con el apoyo de UNICEPES y Fondo Verde, para lograr que este geositio sea reconocido por la UNESCO. 

Un Postre Magallánico: La Invitación Final


Alejandro Núñez cierra la conversación con una metáfora entrañable y poderosa. Llevar a alguien a la laguna, dice, es como ofrecerle “el postre que hice, es de calafate porque es magallánico”. Se define, entre risas, como un “evangelizador de la Laguna de los Cisnes”. Su esperanza, y la que transmite con convicción, es que cada habitante de Tierra del Fuego pueda llegar a sentir ese mismo orgullo y sentido de custodia por un lugar que, en sus palabras, “tiene todo para que podamos transformarlo” en un símbolo perdurable de educación, conservación y comunidad para Porvenir y el mundo.

Fuente: ecosdelsur.substack.com

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