
Estancia Cabo San Pablo: historia, tradición ganadera y turismo rural en uno de los paisajes más auténticos de Tierra del Fuego
ecovida ambienteDe establecimiento productivo a refugio de naturaleza y cultura fueguina
Fundada a comienzos del siglo XX, la Estancia Cabo San Pablo forma parte del patrimonio productivo y cultural de la provincia de Tierra del Fuego.
Ubicada a unos 50 kilómetros al sudeste de Río Grande, en la costa atlántica de la isla, la estancia se abre paso entre estepa, bosque y mar abierto. Allí, donde el viento patagónico marca el ritmo del paisaje, el establecimiento inicia una nueva etapa que busca integrar tradición ganadera, naturaleza y turismo rural.
Hoy, el proyecto intenta recuperar la memoria del campo fueguino y transformarla en una experiencia para quienes desean conocer de cerca la vida en una estancia patagónica.
Una historia marcada por el desarrollo ganadero de la Patagonia
El origen de la estancia y la expansión productiva del sur argentino
La estancia fue fundada a comienzos del siglo XX por el inmigrante asturiano José Montes Pello, en el marco del proceso de colonización productiva que impulsó el Estado argentino para poblar y desarrollar el extremo sur del país.
Durante aquellas décadas, Tierra del Fuego comenzaba a consolidarse como territorio ganadero, especialmente a partir de la cría ovina. Grandes extensiones de campo se destinaron a la producción de lana, actividad que durante gran parte del siglo XX definió la economía regional.
Como muchas estancias fueguinas, Cabo San Pablo funcionó como un pequeño universo rural autosuficiente. En sus instalaciones convivían:
- galpones de esquila
- viviendas para ovejeros
- corrales y talleres
- espacios comunitarios para trabajadores
Las jornadas de trabajo seguían el ritmo de las estaciones, del clima patagónico y del manejo del ganado.
Durante décadas, el establecimiento formó parte de la Sociedad Anónima Ganadera y Comercial José Montes, una empresa que administró diversas propiedades rurales en la Patagonia.
Sin embargo, la expansión ganadera también forma parte de una historia más compleja. El crecimiento de las estancias coincidió con el desplazamiento y la casi desaparición de pueblos originarios fueguinos como los Selk’nam, un capítulo que hoy integra los debates históricos y culturales de la región.
Un paisaje único en la costa atlántica fueguina
Naturaleza, historia marítima y biodiversidad
La estancia se encuentra muy cerca del emblemático Cabo San Pablo, uno de los puntos más singulares de la costa atlántica fueguina.
El camino hacia el cabo atraviesa extensas lomadas cubiertas de pastizales y pequeñas áreas de bosque. En ese entorno natural es frecuente observar fauna característica de la región, como:
- guanacos
- zorros
- aves marinas y costeras
Frente al mar abierto, otro símbolo del paisaje aparece entre la niebla y el viento: el casco oxidado del carguero Desdémona, que quedó varado frente al cabo en la década de 1980 y con el tiempo se convirtió en uno de los escenarios más fotografiados de Tierra del Fuego.

Lucila Apolinaire: liderazgo rural, compromiso comunitario y arte
La mujer que impulsa una nueva etapa en la estancia
En un sector históricamente dominado por hombres, Lucila Apolinaire asumió el desafío de continuar y transformar la historia familiar.
A sus 54 años, Apolinaire vive en la estancia junto a su esposo Carlos —con quien lleva más de tres décadas de matrimonio— y a su hijo Francesco que también vive junto con su pareja Maite en la estancia. En 2022 tomó una decisión que cambiaría su vida: dejar su trabajo estable en el ámbito educativo y mudarse definitivamente al campo para hacerse cargo de la Estancia Cabo San Pablo.
“Salir de la zona de confort nunca es sencillo, pero a veces es la única forma de construir algo nuevo”, resume.
Su trayectoria profesional había estado ligada a la educación. Trabajó en la empresa forestal Lenga Patagonia, en institutos de inglés y en el histórico Colegio Don Bosco Río Grande, donde dio clases aplicando el sistema preventivo inspirado en Juan Bosco.
Con el tiempo también enseñó en el CIERG, donde se desempeñó como docente y directora del área de inglés.
En paralelo, mantuvo siempre otra pasión: el arte.
La primera mujer al frente de la Asociación Rural de Tierra del Fuego
En 2014, Lucila Apolinaire marcó un hito institucional al convertirse en la primera mujer en presidir la Asociación Rural de Tierra del Fuego.
“Desde ese rol, impulsó el diálogo entre productores, comunidad y Estado”.
La actividad ganadera hoy se orienta principalmente a la cría de bovinos Hereford, aunque la familia mantiene el interés por preservar la histórica tradición ovina de la región.
Apolinaire lo explica con una reflexión que resume su visión del campo:
“El trabajo rural siempre fue un mundo masculino, pero las mujeres del campo estuvieron allí desde el principio, sosteniendo familias, producciones y comunidades.”
Del campo productivo al turismo rural
Una experiencia auténtica en la Patagonia
En los últimos años, la estancia comenzó a desarrollar una nueva propuesta orientada al turismo rural y de naturaleza, una tendencia que crece en distintas regiones de la Patagonia.
La iniciativa es impulsada por Lucila y su esposo Carlos, con el objetivo de diversificar la actividad del establecimiento y abrir sus puertas a visitantes interesados en conocer la vida en el campo fueguino.
Entre las experiencias que ofrece el lugar se encuentran:
- jornadas de campo con gastronomía casera
- recorridos por instalaciones históricas
- alojamiento en antiguas casas de trabajadores restauradas
- cabalgatas y caminatas por el entorno natural
- participación en tareas rurales
Las viviendas de ovejeros y antiguos espacios comunitarios han sido recuperadas respetando su arquitectura original, manteniendo el espíritu del lugar.
En ese entorno, los visitantes pueden experimentar detalles que definen la vida rural: el aroma del pan casero recién horneado, el calor de la cocina a leña y el ritmo pausado del campo.
Turismo rural y nuevas formas de desarrollo en Tierra del Fuego
En un contexto en el que cada vez más viajeros buscan experiencias auténticas, contacto con la naturaleza y turismo de baja escala, proyectos como el de Estancia Cabo San Pablo intentan construir un puente entre pasado y futuro.
Lejos del turismo masivo, la propuesta apunta a ofrecer una forma distinta de recorrer el territorio: caminar los senderos que recorrieron generaciones de trabajadores rurales, escuchar el viento del Atlántico y comprender la vida cotidiana en una estancia patagónica.
Desde el corazón de Tierra del Fuego, Lucila Apolinaire impulsa hoy una iniciativa que combina producción rural, compromiso comunitario y sensibilidad artística.
En ese cruce entre memoria, paisaje y nuevas oportunidades, la Estancia Cabo San Pablo comienza a escribir una nueva etapa de su historia: un capítulo que ya no se mide únicamente en producción ganadera, sino también en experiencias, relatos y visitantes que llegan para redescubrir uno de los paisajes más auténticos del sur argentino.
Estancia San Pablo se consolida como un referente de sostenibilidad al integrarse formalmente al programa de Paisaje Productivo Protegido (PPP), una iniciativa estratégica liderada por la Fundación ProYungas.
Esta alianza destaca el compromiso de la estancia con un modelo de gestión donde la producción y la conservación no son excluyentes, sino aliadas fundamentales para el desarrollo regional. Al formar parte de este proyecto, Estancia San Pablo adopta estándares de:
- Planificación Territorial: Un abordaje integral que organiza las actividades productivas actuales y futuras respetando el entorno social y ambiental.
- Conservación de la Biodiversidad: El mantenimiento de espacios naturales que preservan los servicios ecosistémicos esenciales de las Yungas.
- Mejora Continua: Un monitoreo constante del desempeño socio-ambiental para garantizar una producción responsable y sostenible a largo plazo.
Con esta integración, Estancia San Pablo no solo protege la riqueza biológica de sus tierras, sino que también se posiciona a la vanguardia de una nueva ética productiva, demostrando que es posible generar valor económico mientras se resguarda el patrimonio natural de Argentina.
Fotos gentileza Estancia San Pablo




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