La masacre del pueblo selk’nam

La masacre del pueblo selk’nam

El 25 de noviembre se cumplen 136 años del genocidio Selk´nam, la masacre llevada a cabo por militares argentinos contra indígenas. Este dia representa la memoria del Aborigen Fueguino.

El 25 de Noviembre, se conoce como el diá del «genocidio selknam o genocidio ona» estos hechos, tuvieron lugar entre la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX en contra de los selknam u onas, pueblo de la isla Grande de Tierra del Fuego. La última representante pura de este pueblo, Ángela Loij, falleció en 1974. Actualmente solo existen algunos descendientes mestizos de esta etnia.

Hacia fines del siglo XIX la isla Grande de Tierra del Fuego concentro el interés de grandes compañías ganaderas. La introducción de las estancias ovejeras creó fuertes conflictos entre los nativos y los colonos británicos, argentinos y chilenos, estos conflicto adquirió ribetes de guerra y exterminio. Las grandes compañías ovejeras llegaron a pagar una libra esterlina por cada selknam muerto, lo que era confirmado presentando manos, orejas, de las víctimas. La comunidad Slekna´m fue la primera afectada, producto de ello, se inicio una oleada migratoria al extremo sur de la isla para escapar de las masacres. En busca de alternativas a la matanza, en 1890 el Gobierno chileno cedió la isla Dawson, en el estrecho de Magallanes, a sacerdotes salesianos que establecieron allí una misión dotada de amplios recursos económicos. Los selknam que sobrevivieron al genocidio fueron virtualmente trasladados a la isla, la que en un plazo de veinte años cerró dejando un cementerio poblado de cruces. Incluso dos familias selk’nam fueron expuestas en la Exposición Universal de París (1889) en la celebración por el centenario de la revolución francesa

La llegada de argentinos, chilenos y colonos británicos al territorio Selknam trajo consigo un conflicto asimétrico entre aventureros, buscadores de oro, colonos y ganaderos por un lado y los selknam por el otro. La ocupación de los territorios desató represalias por parte de los selknam, que no dudaron en defender y vengar actos que se habían desencadenado: muertes, violaciones, vejaciones. El resentimiento fue un estado permanente, manifestándose con animosidad hacia los empleados de estancias, rompiendo los cercos, arreando grandes cantidades de animales, quemando casas y atacando a hombres. Pero esta actitud no logró traducirse en un verdadero ambiente bélico, por las claras desventajas materiales que poseían los selknam frente a todo el cuerpo establecido para su ataque y captura. Esta diferencia fue el elemento clave que no permitió generar una resistencia por parte de los indígenas para permanecer en sus territorios, y en consecuencia la rendición y la resignación forzada, fue una de las tantas causas para su desaparición como pueblo establecido.

Gusinde relata cómo los cazadores «enviaban los cráneos de los indios asesinados al Museo Antropológico de Londres, que pagaba cuatro libras por cabeza»

Contemporáneamente a la presencia de Popper en Tierra del Fuego, otra expedición auspiciada por el gobierno argentino, a cargo del oficial argentino Ramón Lista, en 1886, pasaría a la historia tras el accionar despiadado de los soldados a cargo de Lista en contra de los indígenas. Este episodio terminó con el asesinato a sangre fría de cerca de 28 selknam, en las cercanías de San Sebastián.

Finalmente, puede decirse que a estos episodios se suman otros tantos que dan cuenta de la marcada violencia con la que actuaron los mineros en contra de los indígenas y que contribuyó al exterminio de los selknam.

La gestación de la gran propiedad ganadera sería el desencadenante de las mayores matanzas contra los pueblos originarios fueguinos. En 1884 el Estado chileno concedió 123 mil hectáreas a la firma Wehrhahn y Compañía. Hacia 1890 concedió 1 millón de hectáreas en arrendamiento por un plazo renovable de 20 años a José Nogueira. Esta concesión junto con otra ya otorgada de 35.000 hectáreas a Nogueira y su cuñado Mauricio Braun serían la base de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego (SETF), fundada en 1893. En la década de 1890 también comenzó la explotación ganadera ovina en el lado argentino. Entre 1897 y 1899 Mauricio Braun y su suegro el asturiano José Menéndez adquirieron las mejoras tierras para la actividad pastoril.

Para 1894 todos los lugares históricamente ocupados por los selk’nam (paraderos de caza, haruwen, lugares de ceremonia y tránsito) estaban en manos de estancieros. Además la llegada de ovinos significó el fin del guanaco, que comenzó a ser cazado para que no compitiera por las pasturas con el ganado de las estancias. Acosados por el hambre, los selk’nam comenzaron a cazar «guanaco blanco» (ovejas) lo que significó la agudización de los enfrentamientos entre pueblos originarios y «koliot» (expresión selk’nam para referirse a los invasores de sus territorios ancestrales).

La capacidad productiva y la solvencia de las estancias, debido a su desarrollo económico y las inversiones que llegaban desde Gran Bretaña, generó una situación en la que el Estado quedó anulado. Lo privado superaba la autoridad de lo público. Los propietarios de la SETF se erigieron como máxima autoridad de la isla y como abastecedores del Estado, tanto de tierras como de suministros de luz, alimentos, cabalgaduras, forrajes, caminos, comunicaciones, etc. La policía pasó a cumplir un rol de guardián de los establecimientos y muchas cosas imprevistas se resolvían con la intervención del propietario (8).

Dueños absolutos de la isla, los grandes estancieros llevaron a cabo la mayor parte de las matanzas contra el pueblo selk’nam. A la sociedad Braun-Menéndez le podemos atribuir el título de «autores intelectuales» del genocidio. Ellos fijaron un precio por cada indígena asesinado. Pagaban una libra esterlina por cada oreja de adulto y media libra por orejas de niños. Pero al ver vagando indígenas sin orejas comenzaron a cotizar por cabezas, testículos y corazones.

Uno de sus capataces, el escocés Alexander Mc Lennan, a quién apodaban «Chancho Colorado», fue famoso por sus «cacerías humanas». En una ocasión encontró una ballena muerta en la playa de Springhill y la envenenó con altas dosis de estricnina. Luego de alimentarse de ella, murió la mayor parte de una comunidad selk’nam.

En otra ocasión hizo creer a la comunidad que cesarían las persecuciones y les devolverían parte de sus tierras. Para sellar el acuerdo les ofreció un banquete en la playa de Santo Domingo. Luego de la comida, en donde se sirvió abundante alcohol, los hombres de Mc Lennan los tirotearon matando a 300 personas.

A partir de entonces otros estancieros -Rodolfo Stubenrauch, Peter Mc Clelland- copiaron los métodos de Braun-Menéndez. A comienzos del siglo XX una comunidad resistió en Punta Alta el asedio de los estancieros y sus matones durante un día hasta que sucumbieron. En otra oportunidad un buscador de oro italiano encontró el cadáver de 80 selk’nam que había sido tiroteados.

Por su parte algunas voces de las misioneros salesianos reclamaron por el fin de las matanzas ante los gobiernos argentino y chileno. En los juicios realizados en la provincia de Magallanes se comprobó que las matanzas eran una práctica sistemática, pero las condenas recayeron solo sobre sus ejecutores directos que quedaron libres a los pocos meses. Esto muestra la complicidad de los poderes de ambos Estados con los estancieros en la consumación del genocidio.

El paso final consistió en la reclusión de los indígenas sobrevivientes en colonias o en las misiones salesianas, como la de La Candelaria – que funcionó cerca de la actual localidad de Río Grande entre 1893 y 1947- y la de la Isla Dawson -fundada en 1888- en el lado chileno. Allí sucumbieron en gran cantidad debido a la viruela, la tuberculosis y otras enfermedades de origen europeo para las que no contaban con defensas. Entre 1900 y 1902 se registraron 223 defunciones en La Candelaria, 99 de las cuáles (44,39%) se debieron a la tuberculosis (10). En la isla Dawson murieron mas de 800 selk’nam. La alimentación en estas misiones consistía principalmente en harina, fideos, arroz, porotos, azúcar, papa y te. Esta dieta alta en carbohidratos, con contraste con la que llevaban, puede haber afectado su salud y predisponer la alta tasa de mortalidad.

Consumado el genocidio, se pretendió decretar la «extinción de la raza selk’nam», como un intento de evitar los reclamos territoriales de los sobrevivientes y sus descendientes. Los sectores hegemónicos crearon un discurso supuestamente científico en donde se señalaba que los selk’nam eran un pueblo cazador y recolector con movilidad terrestre. En base a esto se consideraba que los últimos «representantes puros» de esta etnia murieron en la década de 1960 y 1970 -la historia oficial considera a Angela Loij, muerta en 1974, como «la última selk’nam»-, y algunos descendientes mestizos que «aún portaban esa cultura» dejaron de existir en la década de 1980. A este discurso adhería la famosa antropóloga franco-estadounidense Anne Chapman -que tituló uno de sus libros sobre los selk’nm: El fin de un mundo – y está presente en las publicaciones oficiales de la provincia de Tierra del Fuego y en la obra de numerosos investigadores.

El genocidio selk’nam constituye un delito de lesa humanidad que en la actualidad sigue impune, y del que son responsables el Estados argentino y chileno, en una total complicidad con las sociedades explotadoras que lo ejecutaron. En la actualidad la Sociedad Anónima Exportadora e Importadora de la Patagonia, fundada por la familia Braun-Menéndez en 1908, propietaria de supermercado la anonima.

Mientras los descendientes de los ejecutores continúan obteniendo ganancias millonarias a partir de las tierras obtenidas por el genocidio, los descendientes de las víctimas y sobrevivientes continúan reclamando justicia y reparación territorial por las matanzas ocurridas en el extremo más austral de nuestra América.

Fuente: rebelion.org

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